Talleres literarios

Taller virtual para cuentistas

Miren chicos esta convocatoria tan atractiva. A los enamorados del cuento, aquí tienen una buena oportunidad de aprender en línea. Lean bien las bases de esta convocatoria, ¡y anímense!

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TALLER VIRTUAL DE ESCRITORES (CUENTO) PROYECTO GANADOR DE APOYOS CONCERTADOS 2009 DE LA FUNDACIÓN GILBERTO ALZATE AVENDAÑO CON LA PARTICIPACIÓN DEL TALLER DE ESCRITORES DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL Y TECNOPARQUE-SENA

      La Corporación Chaquen y la Fundación Carvalho llevarán a cabo el primer Taller Virtual de Escritores realizado en Colombia, con el apoyo de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, el Taller de Escritores de la Universidad Central y Tecnoparque-Sena.

      Se trata de un taller de creación literaria en espacios virtuales que, a partir de la reconocida trayectoria del Taller de Escritores de la Universidad Central, explora las herramientas de las nuevas tecnologías para la educación, también conocidas como e-learning.

       Entre el 15 de junio y el 13 de julio de 2009, treinta aspirantes serán seleccionados para acceder de manera gratuita a este proceso de innovación en la formación de creadores literarios.

Descripción del programa

Los talleres literarios

     Hace algunos años asistí a un taller literario, intensivo, de una semana. A la ciudad donde vivía invitaron a un escritor mexicano a compartir con un grupo de enamorados del cuento, ideas, consejos y recomendaciones sobre el género, apoyándose en la naciente obra de cada asistente. Yo me inscribí con ánimo porque acababa de escribir mi primer cuento: digo, el primer texto al que yo misma ya podía darle el nombre de "cuento". Conmigo se inscribieron 12 personas más, y comenzó el taller.

     La metodología era sencilla. Durante la semana, uno por uno iba leyendo su cuento ante los oídos atentos y críticos del maestro y los compañeros. El que tenía la voz le entregaba a todos copias de su cuento, para que también las manos atacaran con lápiz rojo la obra ajena.

     Mi primer cuento, la historia de un cantinero fantasma, fue página por página despedazada (aunque amablemente) por mis compañeros: ¡nadie entendía mi alucinante historia de un cantinero que no estaba vivo y que abría su cantina sin percatarse él mismo de su muerte!

     Pude haber abandonado el taller, porque mi lectura fue el segundo día. Pero no. Una cosa había sido la desafortunada suerte de mi cuento, y otra lo que el hacer parte de esa mesa me estaba trayendo como escritora.

     Lamenté que llegara el viernes. Pero, ahora sin taller, tenía mis días para aplicar lo que me quedó de esas deliciosas jornadas alrededor del cuento. Ahora, más que tarea tenía un deber: leer, leer, leer, y al mismo trote escribir sin descuidar la vida: digo: sin encerrarse en un cuarto a devorar letras y a pensar que cada historia suelta era una obra maestra.

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