Tolstói

¿Cuánta tierra necesita el hombre?

LEÓN TOLSTOI

Érase una vez un campesino llamado Pahom, que había trabajado dura y honestamente para su familia, pero que no tenía tierras propias, así que siempre permanecía en la pobreza. "Ocupados como estamos desde la niñez trabajando la madre tierra -pensaba a menudo- los campesinos siempre debemos morir como vivimos, sin nada propio. Las cosas serían diferentes si tuviéramos nuestra propia tierra."

Ahora bien, cerca de la aldea de Pahom vivía una dama, una pequeña terrateniente, que poseía una finca de ciento cincuenta hectáreas. Un invierno se difundió la noticia de que esta dama iba a vender sus tierras. Pahom oyó que un vecino suyo compraría veinticinco hectáreas y que la dama había consentido en aceptar la mitad en efectivo y esperar un año por la otra mitad.

"Qué te parece -pensó Pahom- Esa tierra se vende, y yo no obtendré nada."

Así que decidió hablar con su esposa.

-Otras personas están comprando, y nosotros también debemos comprar unas diez hectáreas. La vida se vuelve imposible sin poseer tierras propias.

Se pusieron a pensar y calcularon cuánto podrían comprar. Tenían ahorrados cien rublos. Vendieron un potrillo y la mitad de sus abejas; contrataron a uno de sus hijos como peón y pidieron anticipos sobre la paga. Pidieron prestado el resto a un cuñado, y así juntaron la mitad del dinero de la compra. Después de eso, Pahom escogió una parcela de veinte hectáreas, donde había bosques, fue a ver a la dama e hizo la compra.

Vivir sin escribir

      Qué tal estas palabras: 

No puedo escribir y estoy triste y me fuerzo. ¡Qué insensatez! Como si la vida consistiera en escribir. Ni siquiera consiste en una actividad exterior. No es como yo quiero, sino como Tú quieres. Es todavía más plena y más significativa sin escribir. Si, voy a aprender a vivir sin escribir. Es posible.

    Esta es una de las notas que tomó el escritor ruso León Tolstói en su Diario, el 5 de febrero de 1898, y miren lo que pasó: este señororón del cuento y de la novela escribió ininterrumpidamente hasta tres semanas antes de su muerte, en noviembre de 1910. Sólo sus Diarios desde el día de esta nota suman unas quinientas páginas.

     Este es el mensajito de ánimo para los que se quedaron por fuera. Yo sé que muchos se sienten tristes, que están diciendo por dentro: "No, yo no sirvo para escribir. Mi cuento era bueno, pero no les gustó...". Así se siente, yo lo he sentido. Yo también he participado y perdido concursos. Espero que no me abandonen. ¿Ya que no van a Cartagena, se van a enojar conmigo? Los invito a leernos por aquí.

     Los concursos empiezan y se acaban, los cuentos no y los escritores tampoco.

     Ánimo pues,

     Koleia

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