Estanislao Zuleta - El elogio de la dificultad

 

 
 
 
Estanislao Zuleta.
 
El Elogio de la Dificultad
 
El pensamiento de Estanislao Zuleta o del Maestro Zuleta como muchos en el país lo llaman es un estímulo y un aporte para pensar críticamente en tiempos tan aciagos para el desarrollo del pensamiento en función del desarrollo humano integral, en una sociedad que aspire a la democracia: es decir al uso público de la razón.
 
Zuleta es uno de los pensadores más importante de la mitad de siglo pasado 1935-1990.  Su libro Elogio de la Dificultad, con el recibió el título  Doctor Honoris Causa en Psicología en 1980 en la Universidad del Valle, es uno de sus ensayos más importantes, gran parte de su producción intelectual ha sido recopilada de las grabaciones de sus conferencias.
 
Fue un excelente lector y  un “intelectual” que intentó ser coherente,  se aproximo a las diversas disciplinas para pensar el mundo. No pensaba solo por el placer de hacerlo sino para transformar su realidad, animó una búsqueda para construir otra realidad más democrática, más humana, con mayor sentido,  construir un mundo mejor y un tiempo más bello.  
 
Era un pensador revolucionario, utilizó el pensamiento para movernos a cambiar la realidad, para no tener miedo a construir nuevas realidades a explorar lo por conocer, lo que hay que crear, para animarnos a soñar. Zuleta creyó siempre en la capacidad transformadora del arte y del pensamiento.
 
Pero ¿cuál es ese tipo de pensamiento que Zuleta ejerce como intelectual? pensar es un ejercicio, un hacer, una praxis que se refiere siempre a una sociedad concreta. El pensamiento crítico es un pensamiento que afirma la vida. En Zuleta este afirmar la vida quiere decir dejar de pensar en términos dicotómicos para pensar a los hombres y a la sociedad como parte de la misma totalidad histórica.
 
Zuleta es uno de los pocos intelectuales que dialogó en condiciones de igualdad y sin miedo  con los grandes exponentes clásicos  de la cultura y con el pensamiento de su época, dice William Ospina. Encontró en  las artes, la literatura, la filosofía, la arquitectura, la economía, la sociología, la psicología,  herramientas  para  aproximarse a algunos conflictos de la vida humana contemporánea.Utilizó los juegos simbólicos del intercambio del que indaga en la experiencia del otro a través de la experiencia propia, no como en el juego de espejos, no como en el rito reproductivo de las deshabitadas instituciones del saber, pero sí en el juego del intercambio y la discordia dialogante. Un pensamiento que interpreta y recicla los elementos ajenos para insertarlos en su experiencia.  
 
Puso en cuestión nuestra manera de pensar, nuestra manera de leer,  nuestra manera de amar, nuestra relación con la amistad, con el trabajo, con la belleza, con el lenguaje. Zuleta “mantuvo durante muchos años una constante meditación sobre tradición y revolución, razón y sin razón, arte y política, mundo interior y mundo exterior, filosofía y creación; su continua búsqueda en el mundo de la cultura y el saber lo llevó a dudar profundamente de aquellas posiciones donde se unilateraliza la mirada y a valorar la construcción literario musical de la visión dialógica  
La modernidad, la democracia, la educación  fueron  algunos de los asuntos en los que contribuyo con un pensamiento propio.
 
Tres principios Kantianos rescató permanentemente el maestro Zuleta para lograr un sociedad democrática: pensar por si mismo, pensar en el lugar del otro y ser consecuente y el hecho de hacerlo de manera pública; promovió la necesidad de  un pensamiento público que se abre a la interpelación mutua.  
 
Zuleta fue un sujeto que se puso en juego, que mostró lo que era y lo que intentaba ser, dejo apreciar sus múltiples momentos, se relacionó con todos ellos y eso a veces le cuesta a nuestra cultura aceptarlo.
 
Zuleta “mantuvo durante muchos años una constante meditación sobre tradición y revolución, razón y sin razón, arte y política, mundo interior y mundo exterior, filosofía y creación; su continua búsqueda en el mundo de la cultura y el saber lo llevó a dudar profundamente de aquellas posiciones donde se unilateraliza la mirada y a valorar la construcción literario musical de la visión dialógica. Interesa resaltar el modo en que el pensamiento de Zuleta busca mantenerse como un pensamiento dialógico donde no se pretende que los opuestos se resuelvan, mantener la contradicción, mantener el conflicto sigue siendo para Zuleta una tarea fundamental y es desde ahí desde donde resulta válido leer una realidad como la latinoamericana opinan algunos. Aunque Zuleta no elabora conceptualmente este modo de proceder en términos de heterogeneidad o transculturación, hace del conflicto un modo de proceder, una praxis de su pensamiento
 
La tarea de pensar Latinoamérica impone el desafío de reconocer el conflicto como categoría de análisis clave. Para Zuleta la capacidad de ver los problemas como un conjunto dinámico más que un modo de proceder frente a realidad fue siempre una urgencia.
 
Este movimiento del pensar resulta claro en su libro “Sobre la idealización en la vida personal y colectiva” donde Zuleta trabaja una óptica epistemológica en la que no se unilateraliza lo natural y lo cultural, y también, en la que no se toma como contraposición excluyente a las ciencias naturales y a las ciencias del espíritu, es a partir de ahí donde Zuleta lanza su arriesgada apuesta, esto es, una estética del pensamiento donde el muro entre ciencia y arte pueda ser abolido, una visión donde pudieran integrarse el reino de la naturaleza y el reino de la cultura. “Como el arte y la filosofía fueron escindidos en un pasaje catastrófico de la historia, la estética del pensamiento debería tratar de unir el pensar, el sentir, el imaginar, el amar y el crear: la filosofía y la política se debían pensar muy de cerca de la poética”.
 
Estanislao Zuleta,  se esforzó por enseñar a pensar de manera problemática, es decir, sin ahorrarse la angustia que conlleva hacerlo. Su propia vida y obra son testimonio consecuente de esta actitud. Zuleta se relaciona con el saber  como  un lugar de angustia para pensar los conflictos de la vida,  y arrojar unas pistas para encarar estos conflictos; entendiendo los conflictos no como problemas, sino  como conflictos necesarios para la creación humana; el conflicto, y por lo tanto la dilucidación de las tensiones, es la alternativa más clara para pensar el presente.
 
Es muy fácil elogiar la democracia, pero es muy difícil aceptarla en el fondo, porque la democracia es aceptación de la angustia de tener que decidir por sí mismo.Pensar por sí mismo es más angustioso que creer ciegamente en alguien. Nombrar algún líder, algún guía, cualquiera que sea el nombre que le damos genera un entusiasmo enorme porque libera de la angustia, de la responsabilidad, de la duda sobre si lo que estoy haciendo realmente está bien hecho o no.
 
La democracia implica igualmente la modestia de reconocer que la pluralidad de pensamientos, opiniones, convicciones y visiones del mundo es enriquecedora; que la propia visión del mundo no es definitiva ni segura, porque la confrontación con otras podría obligarme a cambiarla o a enriquecerla; que la verdad no es la que yo propongo sino la que resulta del debate, del conflicto; que el pluralismo no hay que aceptarlo resignadamente, que la existencia de diferentes puntos de vista, partidos o convicciones debe llevar a la aceptación del pluralismo con alegría, con la esperanza de que la confrontación de opiniones mejorará nuestros puntos de vista.
 
En este sentido la democracia es modestia, disposición a cambiar, disposición a la reflexión autocrítica, disposición a oír al otro seriamente. La democracia implica igualmente la exigencia del respeto….el verdadero respeto exige que nuestro punto de vista, sea puesto en relación con el punto de vista del otro a través de la discusión. En este sentido la democracia es maduración, superación de nuestros orígenes y afirmación contra nuestras tendencias a regresar a lo arcaico, que están siempre presentes.
 
Por todo ello la lucha por la democracia es frágil, ya que se trata de algo difícil de alcanzar. Es mejor comenzar por reconocer que es así. Muy probablemente conocer la vulnerabilidad y la fragilidad de la democracia, que la historia nos muestra de manera tan dramática., nos prepara para amarla.
 
Formuladas las exigencias de la democracia es posible preguntarse entonces cómo la educación
podría ser democrática. Comencemos por observar que entre nosotros no sólo hay un anhelo de dogma,como ya lo hemos observado, sino también un principio de pensamiento y un principio de lógica inscritoen el lenguaje y en el diálogo.
 
Hay normas que son comunes a todos porque son prerrequisitos para podernos entender. Con respecto a ellas no podemos tomarnos la libertad de aceptarlas o no, como ocurre por ejemplo con la sintaxis.La lógica, como la gramática, es una ciencia reflexiva, porque nos hace conscientes de algo que todos implícitamente sabemos. En este sentido es muy interesante hacer la práctica de enseñar lógica a los niños. No les estamos enseñando lógica propiamente, sino haciéndolos conscientes de algo que saben.
 
Un problema de primera importancia es la racionalidad en la educación. El discurso del maestro no debe ser dogmático. Cualquier discurso puede serlo independientemente del tema.Somos dogmáticos cuando no hacemos el esfuerzo por demostrar. La demostración es una gran exigencia de la democracia porque implica la igualdad: se le demuestra a un igual; a un inferior se le intimida, se le ordena, se le impone; a un superior se le suplica, se le seduce o se le obedece. La demostración es una lección práctica de tratar a los hombres como nuestros iguales desde la infancia.
 
Aprender a fracasar es algo importantísimo en la vida. Si no se tiene la oportunidad de fracasar, tampoco se tendrá la oportunidad de triunfar, de vencer una dificultad y sentir satisfacción por ello. Es importante que dejemos actuar a los niños con espontaneidad, pero debemos decirles también, con toda franqueza, si lo que han hecho les quedó bien o no, para que puedan tener la alegría de que triunfaron sobre sus dificultades.
En la educación es importante adquirir el amor a vencer las dificultades reales. Aquel que lo logra está más lejos que nadie de la tentación de la droga, porque no hay píldora alguna de la victoria, que sustituya la felicidad de haber vencido con trabajo una dificultad. Quien ama ese tipo de felicidad no la buscará en el consumo ni en el dinero como en un dios que lo permite.Así “no es necesario aturdirse de fútbol y de alcohol, porque el pensamiento se ha vuelto interesante y útil y ha dejado de ser simple incremento del dolor de nuestras vidas, que solo le agrega la conciencia de una insensatez”.
 
Para Zuleta el carácter relacional e histórico del concepto de identidad es fundamental, de allí que insista, desde distintas perspectivas, en que la diferencia es socialmente producida. Para Zuleta “el hombre, ciertamente, es una estructura de posibles, pero esos posibles no pueden ser todos igualmente esenciales, y el hecho de efectuar algunos significa liquidar otros”. El problema de la identidad aparece en términos de una pregunta que no se cierra, donde las diferencias se negocian a través del diálogo de verdades compartidas cuya tensión es preciso mantener.
 
En este orden de ideas, creer que al pensar un sentimiento estamos disminuyendo la potencia del mismo es creer demasiado en el poder de la razón sobre nuestra vida, y olvidarnos de que somos seres del inconsciente, que la razón jamás podrá determinarnos en nuestra totalidad aunque nos esforcemos incesantemente por controlar todo lo que somos y hacemos; lo cual no significa una devaluación de la lucha por ser sujetos de la conciencia, al contrario, reconocernos como seres del inconciente es aceptar en cierta medida que la razón es una conquista. Probablemente, el ejercicio del pensamiento, más allá de negarnos la posibilidad de gozar con los sentimientos, propende por un goce más profundo: la dicha que la búsqueda de la verdad trae con sigo.
 
Por estos motivos Zuleta decía “Tomas Mann empieza a descubrir que su idea era errónea, que el peligro no estaba en la razón. Y en el estudio sobre Nietzsche dice: que error el de Nietzsche temer que la razón termine por desbaratar nuestra sensibilidad; nunca, desgraciadamente, seremos lo suficientemente racionales”.
 
Hay una pluralidad, una multiplicidad de voces, sobre las crisis de la educación, no hay una voz homogénea que configure un conjunto de crisis que configure miradas diversas desde el interior de la educación. Este es un llamado a que la educación se discuta a sí misma incorporando a la sociedad en sus definiciones. Es un escenario institucional donde el liderazgo lo tiene la comunidad académica de nuestras instituciones.
 
¿Cómo no llegar a ser unos institutos tecnológicos de calificación de mano de obra dejando de lado la aproximación crítica al contexto? ¿Cómo hacer un aporte a la cultura,  a la economía?. La educación la hemos deshabitado desde el principio  de las preguntas,  y las interpelaciones que la sociedad, no solo la del conocimiento o la del mercado le han sugerido como modo de relacionamiento y validación social.
 
El conocimiento es el campo  más desconocido y bloqueado de la colonialidad intercultural, pesa oscuramente en nuestras relaciones sociales, en la que somos socializados desde los primeros días, imperceptiblemente y que habitamos en lo cotidiano.  Necesitamos  un saber que se interne en la indagación de pliegues, negaciones, borramientos, hundimientos, invisibilizaciones, silenciamientos.
Los discursos de la educación han hundido en los cuerpos pliegues sobre pliegues identidades hechas en la descalificación, negación, estratificación, acallamiento, borramiento; constituye el discurso de los cuerpos como praxis de agenciamiento y negación social.
 
Para comprender lo que nos ocurre para plantear una critica a una  la cultura del capitalismo que es muy depredadora de la condición humana, de la creación humana de las relaciones de desarrollo intelectual que puede desplegar el ser humano. Se requiere  Un conocimiento crítico de nuestros contextos que se aproxime a los retos y a las expectativas públicas de la sociedad colombiana y menos a las expectativas de la sociedad del mercado que domina el capitalismo.